¡Busque la belleza interior de esta música, búsquela!

Notas de la organista Montserrat Torrent para el CD Cabezón, de Juan de la Rubia

De todos los historiadores y musicólogos que han analizado la vida y la obra de Antonio de Cabezón, ninguno ha sido más apasionado que su hijo Hernando, que al publicar las obras de su padre escribió: “Y así lo que en este libro va más se puede tener por migajas que caían de su mesa que por cosa que él hubiese hecho de propósito ni de asiento”. Estas obras, plenamente renacentistas y de carácter religioso o cortesano eran, según Hernando de Cabezón, creadas según la capacidad de sus discípulos, no sólo a medida del talento del compositor.

 

Ninguna de estas consideraciones, sin embargo, motivó mi descubrimiento de la cascada de belleza introvertida, serenidad, elegancia y profundidad de las obras dichas de Antonio de Cabezón. Yo las había comenzado a incorporar a mi repertorio cuando el profesor Macario Santiago Kastner escuchó mi versión del Canto del Caballero en una emisión radiofónica. Me dedicó un anatema fulminante: “Está llamada a ser el apóstol de este repertorio y ha cometido dos errores imperdonables: no había pedalero ni juegos solísticos en aquella época en toda la Península Ibérica. Ha buscado la exteriorización sonora cuando debe buscar la interiorización de esta música. Su belleza está en ella misma, en su escritura. ¡Búsquela! ”

 

Mi reacción fue rápida: tenía afán por saber más sobre este repertorio autóctono que divulgaban profesores de fuera. No estuve sola en este deber: hicimos camino con Enric Gispert, María Esther Sala, Josep Soler, Lothar Siemens, el padre Gregorio Estrada… Leímos los tratados antiguos que hoy se consideran fundamentales: Arte de tañer Fantasía de Fray Tomás de Santa María, Declaración de Instrumentos y Arte Tripharia de Juan Bermudo, y los de Montanos, Lorente, Nasarre, etc. La lectura de estos tratados motivó un cambio absoluto en la digitación, la ornamentación y la comprensión del arte de la glosa. Al adoptar las pautas que los antiguos nos dictan, surgió un fraseo natural, una articulación más viva que al mismo tiempo daba vida a las obras. Actualmente todavía hay musicólogos e intérpretes que aportan nuevas ediciones, correcciones, análisis…

 

La música ibérica pasó a ser materia obligatoria en los conservatorios y se empezaron a hacer cursos por toda España. Fue precisamente en uno de estos primeros cursos cuando un adolescente, Juan de la Rubia, me llamó fuertemente la atención por su manera de tocar, por su entusiasmo hacia este repertorio y por cómo lo transmitía, aunque todavía tenía camino por recorrer -no debemos abandonar nunca este camino- hacia la búsqueda de una mayor autenticidad.

 

Ahora, con más de noventa años, es un gran placer para mí ver este disco dedicado a Cabezón e interpretado por el ya maduro Juan de la Rubia. Reconocido internacionalmente como intérprete e improvisador, será en estas páginas cabezonianas donde percibiremos que ha sido capaz de captar no sólo la sabiduría que esconden sino también -y sobre todo- su emotividad. La música del siglo XVI nos cautiva por su sencillez y arte contrapuntístico y, según las manos que la interpretan, los ojos centellean por el éxtasis inefable de sumergirse en una pura belleza sonora.

 

Montserrat Torrent

Organista