Johann y Juan en Poblet

Poblet, Metzler organ
Poblet, Metzler organ

“Cada generación tiene que volver de nuevo la mirada hacia este incomparable legado musical, reexaminarlo a la luz del conocimiento acumulado, y comprobar la relevancia que tiene en sus propias actitudes hacia la música”.

Peter Williams

 

Treinta y cinco años después de que Williams escribiese esta frase en su estudio sobre la obra para órgano de Bach, volver la mirada hacia su música es para nosotros no solo un deber moral, sino una verdadera necesidad. Nos gusta pensar que este sentimiento nos une a usted. Como afirma John Eliot Gardiner, Bach “es el que señala el camino, mostrándonos cómo superar nuestras imperfecciones a través de la perfección de su música”. Ante la grandeza de su obra, Bach nos conmina, pues, a reverenciarlo y al mismo tiempo a releerlo buscando esa perfección en pleno siglo XXI. Es esta actitud, reverente y activa al mismo tiempo, la que ha llevado a Juan de la Rubia a grabar este disco.

En la música para órgano subyace un triángulo amoroso formado por el autor, el instrumento y el intérprete. En el caso de esta grabación, el vínculo entre las tres partes es especialmente fuerte. El interés de Juan por Bach es una constante en su vida y en su carrera. Su obra le conmovió de pequeño y ella fue la que le hizo aflorar el gusto y las ganas de dedicarse a la música. Por otro lado, el órgano Metzler de Poblet, instalado en 2012, es una fusión de registros de estética barroca alemana y francesa. Resulta francamente adecuado para interpretar la música del genio alemán, que en su tiempo sintetizó también diferentes estilos musicales europeos de su época. En nuestra opinión, el maestro de la Thomaskirche hubiera valorado muy positivamente este instrumento si hubiera podido evaluarlo, como hizo con tantos otros órganos de su época.

Juan de la Rubia, pues, nos propone recorrer de nuevo el camino que señala Johann Sebastian Bach. ¿Qué encontramos esta vez? La respuesta a esta pregunta la obtuvimos durante las madrugadas en las que grabamos el CD.

Poblet es un monasterio cisterciense que desde el año 1150 se encuentra en medio de las montañas de Prades (Tarragona). Imagínese. Hemos llegado ahí dejando atrás los ruidos y las prisas, y fra Josep Antoni, monje y organista, nos acoge con toda su hospitalidad, fiel a la regla de San Benito.

Pere Casulleras, nuestro tonmeister, despliega sus artilugios. Se da un aire de alquimista: recuerda al Melquíades de Cien años de soledad. Entre las cajas emerge un altavoz antiguo. Lo salvó del derrumbe de un edificio en Hamburgo y asegura que es el mismo modelo con el que en la NASA escucharon a Neil Armstrong diciendo aquello de “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. Estos días nos servirá solamente para comunicarnos entre la consola del órgano y la sala de grabación. Otros altavoces más modernos nos permitirán maravillarnos con el sonido que capta ese micrófono esférico que nos escucha en todo momento desde el pasillo de la nave central.

Cada noche, al acabar el oficio de Completas, la basílica descansa entre tinieblas. El silencio es absoluto, y la oscuridad, total. Hay algo muy inspirador en ese lugar. Hoy, la luz que se escapa de la consola del órgano permite vislumbrar la grandeza de los arcos ojivales. En el extremo opuesto, el altar y el retablo son una mera suposición. Suena la música, y esta nave fría, vacía y oscura empieza a reverberar con toda su historia. De repente, ese mundo que hemos dejado atrás, en el que todo es rápido, superficial, hecho a base de tweets, de mensajes de whatsapp y de titulares de prensa, nos parece tan lejano que se diría que nos hemos ido a otro planeta. Solamente Melquíades, desde el centro de control de la NASA, nos devuelve de vez en cuando a la realidad a través del altavoz.

Quizás le guste saber que hay una obra que inicialmente no estaba previsto incluir en el CD, pero que nos cautivó días antes de empezar a grabar, sin que sepamos muy bien por qué. El coral Erbarm dich mein, o Herre Gott se escurrió una tarde entre los dedos de Juan y, escuchándolo resonar en Poblet, no pudimos dejar de compartirlo con usted. Al ir a grabarlo, apagamos todas, absolutamente todas las luces de la nave, y encendimos dos únicas velas. El sonido parecía surgir de cada resquicio de la basílica. Probablemente sea este el momento que Fran González refleja en la portada del disco.

Bach buscó la perfección, aun teniéndolo casi todo en contra. Buscó luz en la oscuridad, tiempo en una agenda repleta de deberes y responsabilidades, paz en medio del desorden. Aquella noche, Erbarm dich mein, o Herre Gott nos explicó muchas cosas a través de su humildad y su aparente sencillez, que esconde tantos matices. Interpretada y escuchada hoy, la música del genio alemán nos muestra la grandeza a la que puede llegar el ser humano, nos recuerda que siempre podemos ser un poco mejores y nos acucia a buscar nosotros también algo de esa perfección que llevamos dentro.

Hay en este disco algo de nuestro amor por Bach, algo de las amistades tejidas en torno a su música y algo de eso tan inspirador que vibra entre las grietas de las rocas, en los huecos más recónditos de Poblet. Nosotros convivimos con todo ello durante tres noches inolvidables. Creemos haber sido capaces de captar esa esencia y fijarla en esta grabación. Si por un momento le parece estar rodeado de tinieblas y luces, de piedras impalpables y de sonidos tangibles, del barroco y de la austeridad cisterciense, de la nada y del todo, enhorabuena: usted también estuvo con nosotros aquellas madrugadas en Poblet.

 

Pep Gorgori

2 thoughts on “Johann y Juan en Poblet

  1. Excelente trabajo y reseña! Ya dan ganas de escucharlo!…Felicidades a todos los que se emprenden en estas épocas en un proyecto que nos vincula una vez más con la maravilla de Bach…

  2. Un Cd memorable una joia per assaborir el geni musical de Bach. L’orgue de Poblet amb la destra interpretacìó de Juan de la Rubia encaixa meravellosament amb les pdres mil.lenaries Poblet. Gràcies per aquesta invitació al goig etern.

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